1 de noviembre de 2015, me junto con mis amigos Kepa y J.Moraga, y una amiga de este último para realizar una circular entorno a Lastur (Deba-Gipuzkoa), con la intención de tachar las cimas centenarias que lo rodean: Andutz, Lizarreta, Garaluz, Gaintxipia y Otaerre. 27Km y 1650 metros de desnivel acumulado son los números de esta ruta que se hace más dura de lo que pueda parecer, los cuales demuestran que estas montañas no deberían de envidiar nada a las cercanas y más conocidas cimas de la sierra de Izarraitz, como son Erlo y Xoxote.

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Mapa general.

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Perfíl de la ruta.

Lo que más impresiona al llegar a Lastur (140m) es la plaza de toros que ocupa lugar en pleno centro del barrio, donde se suelen celebrar capeas con el ganado bravo “larrabehixak” (betizuak). Llama la atención también la antigua ermita de San Nikolas de Tolentino, de la cual hay referencias desde 1625. Cerca se encuentran también los molinos de Plazaola, que antes de dedicarse a la fabricación de la harina, fueron ferrerías. Actualmente se pueden visitar y adquirir harina in situ, para ello contactar con bzulaika@euskalnet.net .

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Plaza de Lastur.

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San Nikolas

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Molinos de Plazaola

Comenzamos la andadura tomando un camino herboso bajo los molinos, rodeando el Murgimendi por su cara norte y así llegar al caserío de Murgizar. Cruzando la carretera GI-3293, ascendemos por el camino que tenemos al otro lado y dibujamos una “Z”, para dejar una borda a nuestra izquierda y tomar a la derecha (E) un sendero que mantiene la altura atravesando la cara sur del Saltsamendi. Al llegar a los caseríos de Esteixa (385m) se gira a la izquierda y se toma el camino por el que enseguida se alcanza la cresta sur del Saltsamendi. Lidiaremos entonces con la alta hierba y el karst para toparnos con el maltrecho buzón y algún recuerdo funerario (590m).

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Borda de referencia para tomar el desvío al sendero.

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Por el sendero de la cara sur de Saltsamendi

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Camino de Esteixa a Saltsamendi.

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Llegando al cordal del Saltsamendi.

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Cima de Saltsamendi y Andutz al fondo.

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Panorámica desde el Saltsamendi.

El verde collado de Urrutzu o Urkutzu (513m) con su pequeña balsa y una borda, nos separa de nuestro siguiente objetivo, el Andutz (613m). Se alcanzan primero el vértice geodésico y buzón, y después la gran cruz de hormigón. Una línea recta virtual de 3,5km dista de esta cima al mar, la cual gracias a su altitud se convierte en un perfecto mirador con vistas tanto al Cantábrico como a las principales cimas de Euskal Herria.

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Alrededores del collado de Urrutzu.

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El Saltsamendi toma forma piramidal desde el collado.

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Cota principal de Andutz.

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Panorámica desde el Andutz.

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Cruz de Andutz.

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Buzón junto a la cruz.

Una pronunciada bajada (N) nos lleva al collado que nos separa del alto de Txorobilla, y allí se gira a la izquierda para descender al polígono industrial de Itziar, donde hoy se celebra un mercado. Nos dirigimos al centro del pueblo, el cual atravesaremos saliendo por la calle que pasa junto al santuario de Santa María de Itziar (s.VIII, reformado en el XVI). Atajamos a continuación a mano izquierda por lo que parece una antigua calzada, para entrar en otro polígono que atravesaremos de norte a sur, y así tomar el camino que lleva a Lizarreta. Entre pinos se llega a una borda, donde se encuentra el desvío que debemos tomar a izquierda (SW) para atacar nuestra siguiente cima. Entre el sombrío lapiaz cubierto por la maleza, se corona la cumbre centenaria de Lizarreta (537m), con buzón.

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Santa María de Itziar.

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Avanzamos por lo que parece una antigua calzada.

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Borda donde se toma el desvío al Lizarreta.

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Entre el sombrío karst hacia Lizarreta.

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Buzón de Lizarreta.

Regresando sobre nuestros pasos hasta la borda, tomamos el sendero de la izquierda (W), siguiendo un PR por pinar que termina en unos prados en los que avanzaremos paralelos a una alambrada, hasta situarnos en la ladera septentrional del Arbil. Pasando junto a una borda se remonta el prado (S) y llegamos a la redondeada cima (Arbil 434m), coronada por un buzón con forma de cohete y con amplias panorámicas hacia el mar y las montañas que nos quedan por recorrer al otro lado de la depresión de Sorosakona.

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Arbil y el sendero que nos llevará al mismo.

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Borda camino a Arbil.

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Buzón de Arbil.

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Valle hacia el que debemos bajar.

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Las montañas que nos quedan por coronar desde Arbil.

Para descender a dicho valle, buscamos el mejor acceso al sendero que baja por el pinar que tenemos inmediatamente a nuestra izquierda. Este llega a un cruce ya muy abajo, a la izquierda iríamos a Lastur, opción por la que se decantan Jose y su amiga, mientras que Kepa y yo continuamos a la derecha sobre el canal de Lastur, por un interesante sendero que lleva al collado de Elkorrieta (186m). Cruzando la carretera tomamos la pista que asciende a los caseríos de Mantarregi y Sarobe. Por la derecha de este último remontamos la ladera y vamos en busca del mejor acceso a la cima de Sosote (519m), un balcón con buenas vistas a los montes de Arno, aunque con un acceso rodeado de espinos.

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Borda en la senda de bajada.

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Flanqueo hacia el collado de Elkorrieta.

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Cima de Sosote.

Bajando al collado de Txaranda (476m), nos montamos sobre una cresta caliza para evitar el lento caminar por un terreno de hierba alta y muchos agujeros. Ganando altura por ella se llega finalmente al buzón del centenario Garaluz (575m).

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Tomamos la cresta hacia Garaluz.

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Panorama en los alrededores de la cima de Garaluz.

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Buzón de Garaluz y Gaintxipia en el centro.

Continuamos la marcha bajando al collado situado al sureste de la cima, por un sendero no muy limpio, hasta llegar a una solitaria borda. Allí se rodea el Hoyo de Mirubieta (SW) siguiendo una senda empedrada y después ya se coge el camino que lleva (SE) al Refugio de Lizarpe (514m), en el collado de Iturriko Zelaia. Frente a nosotros se encuentra ya la pirámide herbosa del Gaintxipia, la cual no dudo en atacar mientras que Kepa decide rodear la montaña. 626 metros de altitud son los que marca el GPS al coronar esta cima centenaria con unas vistas envidiables.

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Borda junto al Hoyo de Mirubieta.

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Se sigue por senda empedrada.

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Gaintxipia desde el collado de Iturriko zelaia.

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Panorámica de la cima de Gaintxipia.

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Buzón de Gaintxipia.

Desde la cima la bajada no se divisa muy cómoda, por lo que busco el acceso más directo (SW) al camino que rodea la montaña por el sur, y lo sigo para llegar al caserío abandonado de Erentza, el cual sirvió de venta antaño. Sigo el camino sin hacer caso a las diferentes bifurcaciones, y siempre con el objetivo de seguir ganando altura por el cordal, mientras dejo a Kepa que ha decidido atajar por la bajada que lleva directamente de Irubia a Lastur. Así me sitúo en los prados occidentales del Otaerre, y ya escaso de agua y con la lengua fuera, remonto la ladera con el repetidor que corona la cima a modo de faro. Unos metros más y llego a la cumbre (663m) herbosa donde se sitúan la cruz de hormigón, el vértice y el buzón.

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Caserío de Erentza.

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Por los prados que anteceden al Otaerre.

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Cima de Otaerre.

Sólo queda volver a Lastur. Para ello bajo en dirección NW y tomo una senda que por pinar, desciende por la cara occidental del Elordi, y después gira a la izquierda uniéndose al camino que baja de Irubia, por el barranco de Araneko sakona. Así salimos a la carretera GI-3292 a la altura del caserío Abeletxe y siguiendo el asfalto hacia oriente terminamos llegando al punto de inicio y final de esta ruta.

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Camino por Araneko sakona.

El track: https://es.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13187697

La segunda semana de agosto del 2015 estaba de vacaciones y decidimos irnos con la furgo a Asturias, esa tierra que me tiene enamorado. Iba a ser una salida de pocos días, así que era mejor no comprimir demasiado la agenda. El plan sería el primer día utilizarlo para el desplazamiento hasta el camping Costa Verde de Colunga, el segundo visita a Colunga, el tercero para conocer Lastres y el cuarto ya de vuelta, lo gastaríamos observando animales en el parque de Cabárceno en Santander.

Como comentaba el primer día arrancamos tranquilamente, los viajes con un miembro más en la familia resultan más lentos, hay que hacer más paradas y es mejor no estresarse. Al llegar al camping Costa Verde de Colunga nos dimos cuenta de que ya habíamos estado por allí varios años atrás, pero hasta entonces no nos acordábamos de ello. El camping es bastante familiar, con las parcelas sin divisiones, de césped cuidado; pero a mí me resultó acogedor. Tiene una zona de columpios para los peques, restaurante y lo mejor de todo es que está a pie de la playa de La Griega. Después de acomodarnos en el camping, pasamos la tarde visitando el yacimiento de icnitas o huellas de dinosaurio que hay en el extremo oriental de la playa. Desde el camping, son unos 600 metros los que hay que recorrer por un sendero para llegar al lugar donde se encuentran las pisadas de saurópodos y terópodos. Por cierto, hasta el momento son las más grandes descubiertas en el mundo.

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Viene marcado el camino a las icnitas.

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Encontramos un buen cartel con toda la información en el lugar de las huellas.

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Los turistas sobre las huellas.

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Aquí se aprecia la profundidad de las pisadas.

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Y en esta podemos comparar el tamaño de las huellas con el de una niña.

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La playa es ideal para estar con los niños.

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El río Liberdón desemboca aquí.

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Panorámica de la Playa de La Griega.

El segundo día fuimos a ver el centro de Colunga, que queda algo alejado del camping y hay que darse un buen paseo. Podéis encontrar el callejero aquí: http://www.colunga.es/c/document_library/get_file?uuid=10876398-a58c-4b12-b16e-fb11900707be&groupId=212079

Según llegamos al pueblo lo primero que vemos a mano izquierda es el refugio antiaéreo “El Cuetín”, que bien hizo sus servicios entre el 15 y el 18 de Octubre de 1937, cuando la Legión Cóndor bombardeó la zona por encontrarse en manos del bando republicano. Luego a mano derecha, la oficina de turismo y la iglesia de San Cristóbal, de finales del s.XIX. Después antes de entrar en el casco histórico, hacemos una parada frente al palacio de los Alonso Covián, de estilo renacentista (s.XVI). En esta casa nació en 1909 el médico D. Francisco Grande Covián, considerado el padre de la dietética y fundador de la Sociedad Española de Nutrición.

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Paseo del camping a Colunga.

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Refugio “El Cuetín”.

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Iglesia de San Cristóbal.

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Interior de la iglesia.

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Casa de Los Pablos.

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Palacio de los Alonso Covián.

Siguiendo calle arriba, por la calle San Antonio, entre coloridas casas, llegamos al ayuntamiento. El consistorio se encuentra el el palacio de Estrada, de los siglos XVIII-XIX, barroco-historicista. Fue posada hasta 1926 y lo rehabilitaron en el 2013. Continuando calle arriba se llega a un antiguo hórreo, que hace un tiempo tenía un cartel que lo nombraba como “Villa Geraniu”. Luego volvimos atrás para bajar por la calle Sta. Ana, pasando junto a la Plaza de Abastos y llegando a la capilla de Santa Ana y San Hilarión, del s.XVI. Desde allí bajamos por la calle del Doctor Grande Covián, siguiendo el Camino de Santiago; para llegar a plaza El Monumento. Allí destaca al otro lado de la carretera la Casa de Los Pablos. Por último bajamos hasta la Plaza del Mirador del Fitu, para fotografiar otro hórreo. La tarde la pasamos en la playa de La Griega una vez más, es un buen lugar para estar en familia, ya que el río Liberdón desemboca aquí y permite tener a los niños cerca del agua sin el peligro de las olas.

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Camino al ayuntamiento.

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Ayuntamiento de Colunga.

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Horreo.

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Capilla de Santa Ana.

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Plaza El Monumento.

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Plaza del Mirador del Fitu.

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Bonita tarde en la playa de La Griega.

Tercer día, visita a Lastres; precioso pueblo costero conocido por haberse rodado allí la serie “Doctor Mateo”. Podéis encontrar el callejero aquí: https://www.turismoasturias.es/documents/11022/838d5d89-03dd-4818-b82a-0abc602791cb

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Plano de la Ruta del Doctor Mateo.

Nosotros aparcamos en una explanada habilitada como parking que hay a la entrada del pueblo, ya que en el puerto no había sitio. Desde la misma se podía observar la Playa de Llastres. Decidimos empezar nuestro paseo por la calle que a la derecha del vistoso edificio del restaurante Eutimio baja hacia el puerto. Antes de llegar al mismo, aparecen a nuestra izquierda las históricas escaleras de la fábrica de Mercedes. Construídas sobre un sendero del s. XV, unían la zona del escanu, donde se desguazaban las ballenas, con el barrio de los balleneros. Al llegar al puerto se tiene una bonita vista del pueblo, con la playa en primer término y la sierra del Sueve de fondo. Allí además disfrutamos de una sesión de fotos junto a antiguos cañones y si se quiere, se puede disfrutar de un buen menú marino en los cercanos restaurantes.

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Al llegar a Lastres observamos una curiosa estructura en el mar.

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Playa de Lastres desde el aparcamiento.

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Edificio del restaurante Eutimio.

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Bajamos al puerto de Lastres.

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Escaleras de la fábrica de Mercedes.

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La playa del puerto.

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El pueblo queda en alto con respecto al puerto.

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La playa y el pueblo.

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Panorámica desde el cañón.

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Nos divertimos haciendo fotos con los cañones.

Volviendo atrás después, entramos a la calle Gran Vía, donde se encuentra justo haciendo esquina el edificio que representaba la radio local en la serie Doctor Mateo. Las estrechas calles nos llevaron después hasta la encajonada capilla del Buen Suceso, del siglo XVI. Junto a ella está la que era la casa de la maestra en la serie, que tantos recuerdos traerá a quienes la seguían con su soleado ventanal. Siguiendo el mapa de la “Ruta del Doctor Mateo” nuestra siguiente parada nos situó en la Casa Guela, una coqueta casita blanca con vistas al mar que era la panadería en el programa televisivo. Otro punto de interés calle arriba, se encuentra en la Casa de Don Pedro; una gran casona con tres plantas en su cara frontal y dos en la trasera debido a la pendiente.

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La “Radio Local”.

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Interior de la capilla del Buen Suceso.

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La “casa de la maestra”.

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Casa Guela.

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Vistas al pueblo.

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Vistas al puerto.

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Casa de Don Pedro.

Los empinados cantones nos guiaron a continuación a la fachada de un edificio vacío en su interior, el cual difería bastante de la imagen que nos hacía tener de él la serie; en la que era la taberna del pueblo. Camino a la iglesia hicimos otro stop en el camino, para sacar una foto de la que era la casa del Doctor Mateo. Y de allí a la iglesia de Sta. María de Sábada, del año 1757; declarada Monumento Histórico Artístico.

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Empinadas calles guían a la iglesia.

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La “taberna del pueblo”.

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La “casa del Doctor Mateo”.

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Iglesia de Sta. María de Sábada.

Se acercaba la hora de comer, y bajamos al restaurante del Palacio Vallados para dar rienda suelta a nuestros estómagos, pasando primero junto a la blanca casa de los fontaneros de la serie. Una amplia terraza cerrada permite comer con tranquilidad. Con la tripa llena se agradecía que el camino continuaba calle abajo, para visitar la Casa El Cuartel o de Los Robledo, del siglo XVIII. Su sobrenombre de “El Cuartelón” viene de haber servido de cuartel durante la francesada. El último punto de interés de nuestra visita sería la Torre del Reloj, y con esto dimos por finalizada la visita a este bello pueblo, aunque no a la ruta del Doctor Mateo…

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La “casa de los fontaneros”.

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Casa de Los Robledo.

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Torre del Reloj.

Y digo esto porque a continuación visitamos el conocido faro de Lastres, que también salía en la serie, y que se encuentra en el Cabo Lastres, a donde se llega atravesando Luces en dirección NW, siguiendo unas estrechas pistas. Un lugar donde se respira calma, ideal para observar el mar.

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Llegamos al faro de Lastres.

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Panorámica del faro de Lastres.

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Primer plano del faro.

Una vez más emprendimos el viaje sobre las cuatro ruedas, con la intención de llegar al Parque de la Naturaleza de Cabárceno; pero de camino hicimos una parada cerca de Villahormes y Naves, puesto que había un par de bonitos rincones que quería enseñar a la familia. Así nos acercamos hasta la costa por estrechas pistas para avistar primero el Castro de Las Gaviotas o Islote Desfuracado; una enorme roca que se sostiene sobre dos “pies” ante los constantes golpes de las olas del mar Cantábrico. En el mismo lugar que observamos esta maravilla caliza, se encuentra un antiguo sacadero de algas en el que todavía se pueden ver los restos de las grúas que se utilizaban para alzar la materia prima. Muy cerca se encuentra también la Playa de La Huelga, por si alguien quiere aprovechar para darse un baño. Aprovechamos la ocasión también para acercarnos a la diminuta playa de Gulpiyuri, unos centenares más de metros al este, y también se puede acceder por pista. Algunos dicen que esta playa es la más pequeña del mundo, y tiene la particularidad de ser una playa de interior, a la que llega el agua por los orificios que ha abierto el oleaje en la roca caliza. Un pequeño oasis en medio de un descampado, algo digno de ver. Ojo a la hora de aparcar, hay un descampado que lo suelen habilitar como aparcamiento, pero fuera de él la Guardia Civil suele pasar a multar a los coches mal aparcados.

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Las escaleras de bajada al sacadero de algas.

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Castro de Las Gaviotas.

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El sacadero, a la izquierda se encontraban las grúas.

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Llegamos a Gulpiyuri.

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Playa de Gulpiyuri, una pena coincidir en bajamar.

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Playa de La Huelga.

Una vez en la carretera, nos desplazamos hasta el área para auto-caravanas que hay en la entrada del Parque de la Naturaleza de Cabárceno; donde hicimos noche. El aparcamiento se encuentra junto a la zona de los elefantes, con el Lago del Acebo adyacente. Muy cerca hay restaurantes, y es gratuito; con servicio de agua limpia, grises y negras. La única pega es que puede haber mosquitos.

A la mañana desayunar y visita al parque, lo cierto es que la entrada es algo cara (30€ por adulto en temporada alta), pero merece la pena. La extensión es tal, que es necesario desplazarse en coche continuamente. Entre las diferentes especies de animales, para mí las más destacables fueron los elefantes, los osos, las jirafas, los rinocerontes, el gorila de llanura, los leones, guepardos y tigres de Bengala entre otros. Tuvimos la suerte de disfrutar además de una actuación de aves rapaces. Para comer hay varios restaurantes en el interior. Y del parque poco más os voy a contar, ya que lo mejor es verlo. Os dejo el enlace del parque: http://parquedecabarceno.com/info/informacion-del-parque

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El paisaje de Cabárceno es cuanto menos, curioso.

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Elefantes.

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Lago del Acebo.

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Hipopótamo.

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¿Será este el Rey Julien de los dibujos?.

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Avestruz.

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Ñu azul.

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Cebras.

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Dromedario.

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Rinocerontes blancos.

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No estoy seguro, pero creo que este era el jaguar.

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También podremos encontrar reptiles varios.

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Gorila de llanura.

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Oso pardo.

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Bisonte europeo.

Y con esto terminaron nuestras pequeñas vacaciones, poco más de una hora de viaje, y ya estaríamos en casa.

24 de Octubre de 2015, mi compañero Mikel anda dándole fuerte a la BTT últimamente y nos proponemos seguir completando tramos de la Trans Euskal Herria BTT; en esta ocasión completaremos el tramo que va desde Ubidea a Legutio. En este caso resulta fácil enlazar el comienzo y el final comenzando desde el mismo Legutio, realizando una ruta circular de 49km y 1100 metros de desnivel acumulado. El camino nos guiará por bosques pincelados por los colores del otoño y rincones tan peculiares como el Balcón de Urkiola o el embalse de Albina.

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Mapa general.

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Mapa 1.

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Mapa 2.

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Mapa 3.

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Mapa 4.

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Perfil de la ruta.

Legutio (550m) es nuestro punto de partida en esta mañana de otoño, la mejor época para realizar la ruta. Como nuestra intención es recorrer la mayor distancia posible de la TEH, seguimos la carretera que cruzando el embalse de Urrunaga lleva hasta Ubidea (N-240). Son cerca de 8km que vienen bien para calentar las piernas, aunque podríamos evitar la carretera si quisiéramos a través de los montes Aiaogana y Esnauritzagana.

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Legutio.

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Cruzaremos el puente sobre el embalse.

Poco después de dejar a nuestra izquierda el cruce para entrar en el barrio San Juan de Ubidea, nos encontramos a la derecha la pista por la que debemos ascender en fuerte pendiente hacia el caserío de Goikoetxe. Al llegar al mismo, la pista continúa a la derecha, cruzamos una valla y en la siguiente bifurcación giramos a la izquierda; siguiendo la senda que asciende al precioso collado de Eskortalekueta (740m.); situada entre los montes Motxotegi y Esnauritzagana, testigos de la Guerra Civil. De hecho, en los bosques del segundo, aún se puede encontrar la punta de una bayoneta clavada en un haya.

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Ubidea.

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En Goikoetxe, a la derecha.

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Vistas hacia Gorbea.

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Cruzamos una valla.

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Collado de Eskortalekueta.

A continuación se desciende (NE) hacia la cola del pantano de Urrunaga, y avanzamos por pista, con el barrio Mekoleta a nuestra derecha, hasta alcanzar el área recreativa de Presazelai. Este área, asentada en las orillas del río Urkiola, se encuentra envuelta en un acogedor hayedo trasmocho, provisto de mesas , asadores y fuentes. Atravesando el parque hacia oriente, tomamos un bonito sendero que junto al río, nos guiará hasta la entrada de Otxandio; precioso pueblo que bien merece una parada para fotografiar e incluso tomarse un caldo para entrar en calor. Salimos del pueblo por Samartoi Kalea, cruzando sobre el río Urkila. Poco a poco el camino va girando al norte y se convierte en sendero en el que predominan los pinos en un principio. Después, ganando altura de una forma constante pero moderada, el haya se apodera del territorio en el que nos encontramos con algunos seteros. Preciosos bosques nos acompañan en nuestro camino a Urkiola, a donde llegaremos por medio de una de las pistas que atraviesan la ladera occidental de Urkiolagirre, después de haber remontado todo el cordal desde Otxandio.

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Bajamos hasta la cola del embalse de Urrunaga.

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Presazelai.

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Otxandio.

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Volvemos a entrar en monte después de dejar Otxandio atrás.

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Es temporada de setas y se nota.

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Seguimos el cordal hacia Urkiola.

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Vistas hacia la zona del Saibi.

El Santuario de Urkiola está dedicado a los Santos Antonios (Abad y de Padua), y algunos sitúan la construcción de la primera ermita entre los siglos VIII y IX, aunque el santuario actual data del s.XX. Es de remarcar, que su situación coincide con el centro geográfico de la CAV y en su entrada, se encuentra una roca que muchos afirman es un trozo de meteorito, al cual la creencia popular le asigna el poder de conseguir marido a las mozas solteras si dan vueltas alrededor de la misma. Unos metros al norte de la entrada del santuario, se encuentra el conocido Balcón de Urkiola con sus tres cruces, el cual no dudamos en visitar. No hay mejor panorámica de las cumbres del Duranguesado que desde aquí: Mugarra, Untzillatx, Astxiki, Alluitz y Anboto en una misma secuencia de fotos; nos sentimos envueltos en un mar de caliza.

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El Santuario de Urkiola y el “meteorito”.

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Balcón de Bizkaia.

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Balcón de Urkiola y las peñas del Duranguesado.

Pero hay que proseguir con nuestro camino, para lo cual volvemos a la zona de aparcamientos. Ahora la ruta original continúa por la pista que rodea el Urkiolagirre por su cara meridional, hacia Asuntze. Pero queremos darle un toque de dureza y nos decidimos a ascender por la “pindia” ladera herbosa que lleva hasta la cima del mismo (1008m). Es una subida que se hace dura, pero el premio de tener una de las mejores fotografías del Anboto lo merece.

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Foto de cima en Urkiolagirre, punto culminante de la ruta.

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Panorámica de Anboto desde Urkiolagirre.

Un rápido descenso nos sitúa en el collado (876m) desde el cual se sigue en ascenso la pista, junto a las faldas del Anboto. Tras dejar a nuestra derecha el alto de Arluziaga y antes de llegar a Pagazelaiburu, tomamos a la derecha el camino que utilizaremos para comenzar el camino de regreso; el cual enfila hacia el sur y nos adentra en un robledal donde se produce un estallido de colores que nos recuerda la época en la que nos encontramos. La belleza de este tramo es tal, que resulta abrumadora. Paralelos al arroyo de Oleta, se llega al pueblo homónimo; luego se sigue la carretera BI-3941 hasta la curva en la que nos encontramos con las instalaciones del parque de aventura de “Hontzaextrem”.

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Bajo el Anboto.

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Comienza la explosión de colores.

Aquí abandonamos el asfalto para cruzar el arroyo y adentrarnos en otro precioso sendero que atraviesa el hayal rodeando las instalaciones del parque. De esta forma saldremos a una pista que seguiremos hacia el sureste durante unos kilómetros, para enlazar con la carretera del puerto de Kurtzeta. Al salir a la carretera, la seguimos unos metros a la izquierda, para tomar el primer cruce que encontraremos a nuestra derecha; camino forestal que lleva a la cola del embalse de Albina. Ahora rodeamos todo el embalse, por un húmedo camino que nos llevará hasta la misma presa. Saliendo del bosque, ya sólo nos quedará rodar por la pista que lleva hasta Legutio, nuestro punto de partida.

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Rodamos junto a las tirolinas.

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Instalaciones del parque de aventura.

El track en Mugibili: http://mugibili.euskadi.eus/mugibili/view.do?id=55882

El track en Wikiloc: https://www.wikiloc.com/wikiloc/view.do?id=13188183

Para más información de Trans Euskal Herria: https://transeuskalherria.wordpress.com/

Situada en el sector más oriental de la Sierra de Artzena, se encuentra la ermita de Santa María de Mellera; colgada sobre la peña de nombre homónimo, es vigía del guarecido pueblo de Barrio (681m.). A la sombra del monte Cárabo y a 766 metros de altitud, contiene en su interior un retablo del siglo XVI y la talla de la Virgen, posiblemente del siglo XIII, que cuenta con peluca de pelo natural y brazos postizos. El topónimo de “Mellera”, dicen viene de la palabra “miel”, ya que en ese sitio crían las abejas desde tiempos remotos. Se trata de un lugar idílico, que invita a la meditación y que por su corta distancia con respecto al pueblo, se convierte en un perfecto paseo familiar. Y más ahora, que han limpiado la senda que asciende desde el mismo Barrio, y la han acondicionado con marcas y carteles.

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Mapa.

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Ermita de Mellera.

Con esta motivación, nos acercamos el verano de 2015 al pequeño pueblo de Barrio (Araba) en familia, aparcando junto a la iglesia de Santa María. A pocos metros de la iglesia seguimos unas escaleras que descienden hacia el arroyo y pasamos junto a un lavadero. Surcamos las calles entonces en busca del caserío más septentrional del pueblo, ya que a la izquierda del mismo se da comienzo al sendero que asciende a la ermita en poco más de un kilómetro.

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Bajamos las escaleras hacia el lavadero. Al fondo se observa el peñasco sobre el que se encuentra la ermita y el monte Cárabo tras él.

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Lavadero.

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Inicio del camino y caserío a tener en cuenta.

Al inicio del camino acaban de colocar un poste con información de la ermita de Mellera, en el cual tengo la fortuna de que hayan utilizado una foto mía. En él se nos cuenta entre otras cosas que, se suelen realizar romerías en diferentes días del año desde las poblaciones de Villanañe, Villamaderne, Nograro y Barrio; por lo que es una ermita de mucha tradición. Comenzamos a ascender por la amplia senda bajo la sombra del pinar, mientras los piñones crujen bajo nuestros pies a cada paso. La pendiente es suave en su comienzo y ascendemos sin problemas (NW), acercándonos poco a poco a la inquietante pared sur de la Peña de Mellera, sobre la que descansa la ermita.

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Postes que indican el inicio del camino.

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Cartel explicativo.

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Avanzamos por el pinar.

Marcas blanqui-azules de pintura balizan el camino a la ermita. De pronto dejamos a nuestra derecha una plataforma de piedras y tierra, que se asimila a la repisa de una antigua carbonera. La pendiente se acentúa cuando estamos llegando a una barrera metálica, la cual deberemos cruzar, a nuestra derecha. Apenas 200 metros en suave subida (E) distan hasta la ermita ya, por un amplio camino. Al llegar al prado que antecede al santuario, un par de bancos de madera nos invitan a descansar y comer algo en el lugar. Habremos superado un desnivel positivo de un centenar de metros aproximadamente para llegar aquí. También subiremos por las escaleras que llevan a la entrada de la ermita de Nuestra Señora de Mellera, para cumplir con el objetivo de hoy; y los más aventureros, treparemos las rocas que hay tras ella y coronaremos la cumbre de la Peña de Mellera.

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Marcas blanqui-azules balizan el camino.

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Dejamos a nuestra derecha lo que se parece a una plataforma de carbonera.

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La pendiente se acentúa antes de llegar a la barrera.

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El poste indica que debemos cruzar la barrera.

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Unos 200 metros quedan hasta la ermita.

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Saltamontes camuflado.

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Llegando al destino.

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Mojón en los alrededores de la ermita.

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Acceso a la ermita.

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Entrada.

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Colores de verano.

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Foto del retablo en la entrada.

El regreso lo realizamos por el mismo camino, aunque bien se puede realizar por la pista que baja a Barrio desde las cercanías de la barrera metálica, dando un poco más de rodeo. A la vuelta a casa un buen lugar para parar como fue en nuestro caso, es Espejo; con varios bares en los alrededores de la piscina natural que tienen en el mismo río Omecillo.

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Regresamos hacia la iglesia de Barrio.

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Detalle de un caserío.

Os dejo el enlace de una circular incluyendo la visita a la ermita, por si queréis algo más “completo”: https://elultimodestino.wordpress.com/2014/11/30/de-barrio-a-las-modestas-cumbres-de-arcena/

 

23 de junio de 2015, había ganas de hacer una salida furgonetera en familia; pero teníamos que tener en cuenta al pequeño de la casa a la hora de elegir destino, ya que antes se mareaba bastante y además tenía que ser un lugar en el que él también pudiera disfrutar. Así que tenía que ser algo cerca de casa y que guste a los niños… ¿qué tal animales? Pues una vez realizada la ecuación el resultado parecía evidente: Santander para el primer día, con su Parque Marino de La Magdalena y la ermita de La Virgen del Mar con su playa, para el segundo. ¡Vamos allá!

Desde donde vivimos hasta la capital de Cantabria el viaje lleva poco más de una hora, aunque con un peque en la familia… los tiempos de viaje se duplican en ocasiones. Si mal no recuerdo, aparcamos en el parking de la Playa Camello, justo a la entrada de la península de La Magdalena; aunque por los alrededores del Sardinero también vimos muchas plazas libres para aparcar. Una vez dentro del famoso recinto, iniciamos el recorrido con la visita del parque marino, donde disfrutamos de la compañía de unos vergonzosos pingüinos, focas y leones marinos. A continuación y en el sentido de las agujas del reloj, caminamos por el Muelle de las Carabelas, donde tal y como su nombre lo indica encontramos 3 carabelas y una balsa de origen ecuatoriano. A pocos metros con semejanza a un platillo espacial, se encuentra también una burbuja de salvamento. Merece la pena leer los carteles de este “Museo El Hombre y La Mar”, que nos hablan de diferentes travesías oceánicas de investigación.

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Un poco de historia del recinto.

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Santander desde el parque marino.

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Disfrutando de la fauna marina.

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Los pingüinos se hacen de rogar.

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Los pingüinos con más detalle.

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Estos se dejan ver con más facilidad.

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Llegamos al Muelle de las Carabelas.

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La balsa.

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Otra perspectiva de las carabelas.

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Interesante leer la historia de los viajes de investigación.

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Burbuja de salvamento.

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La balsa desde otra perspectiva.

Pero prosigamos con nuestro paseo. Con vistas a la isla de Mouro, el camino nos lleva hasta el Palacio de La Magdalena. Esta obra de estilo ecléctico, fue un regalo de la ciudad al Rey Alfonso XIII, construida entre los años 1909 y 1911. Tras las fotos de rigor continuamos rodeando la península para bajar hasta la playa de “Bikinis”, curioso nombre, aunque parece que le va bien…

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Isla de Mouro.

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Palacio de La Magdalena.

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Playa Bikinis.

A continuación nos encontramos con una amplia zona de juego y esparcimiento, donde decidimos parar a comer algo y ya de paso, que el peque pudiera disfrutar con los juegos.

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Zona de juego.

Tras tomar un café, tomamos la pasarela de madera que atraviesa la Playa de Los Peligros, para seguir la línea de la costa, que resultó ser la guía perfecta hacia la Avenida de Severiano Ballesteros. Al final de esta calle encontramos edificios tan imponentes como el Palacio de Festivales de Cantabria y el planetario, junto a la Escuela Técnica Superior de Naútica. Aquí se inicia lo que podríamos considerar como el “paseo marítimo”, impregnado de cultura, con esculturas como el Monumento a José Hierro que juega con las dimensiones, o los Raqueros, curiosos personajes del siglo XIX que tiraban sus cabezas al agua en busca de pequeña fortuna. La Grúa de Piedra era el siguiente punto de parada imprescindible, testigo del pasado. Y desde este punto atravesamos los Jardines de Pereda en busca de la Catedral de Santander. Dedicada a Ntra. Sñra. de la Asunción, es principalmente de estilo gótico y fue construida entre los siglos XII y XIV. De allí, a través de las calles Calvo Sotelo e Isabel II nos acercamos al mercado, punto de encuentro de cualquier ciudad y con los mejores productos de la tierra al alcance de la mano; una visita obligada.

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Pasarela sobre la Playa de Los Peligros.

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Palacio de los festivales.

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Trabajos de altura.

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Planetario.

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Practicando vela cerca del paseo.

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Monumento a José Hierro.

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Los Raqueros.

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La Grúa de Piedra.

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Jardines de Pereda.

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Catedral.

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Productos de la tierra en el mercado.

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Mercado.

Hasta aquí las piernas ya tenían una buena caminata encima, así que después cogeríamos el transporte público para regresar al parking donde habíamos dejado la furgoneta; y desde allí, rumbo a la ermita de La Virgen del Mar, al noroeste de Santander.

Saliendo de la ciudad por la S-20, la abandonamos para unirnos a la CA-231 y después siempre hacia el norte, en la tercera rotonda se toma la salida de la Avenida Virgen del Mar y continuamos hasta el final, donde se encuentra el gran aparcamiento que precede a la playa y la ermita. En el aparcamiento hay un chiringuito y una taberna acogedora, donde además hay raciones para poder comer o cenar. Son pocas las plazas que hay con el suelo nivelado para poder dormir cómodos, aunque cerca hay un camping si no nos la queremos jugar.

Así pues, lo que quedaba de día lo pasamos visitando la ermita que se encuentra en la isla; un puente hace de único lazo de unión con la costa cuando sube la marea. El santuario muestra en su decoración una clara dedicación a la protección de la gente que vive del mar; con remos, redes y salvavidas en sus paredes. A continuación ascendimos a los cortados que hay tras la misma, abruptos, con unas panorámicas imponentes sobre la mar. Un lugar para la meditación. Según iba cayendo la tarde, los colores del cielo se tornaron rojizos; volvimos entonces a la furgoneta y después de sacar unas buenas fotos nos situamos en el punto más bajo del aparcamiento en busca de la llanura y protección del viento. Y qué os voy a decir de la noche… siempre que se duerme en un aparcamiento nos la jugamos a que aparezca algún gracioso haciendo trompos o cualquier otra tontería… o como fue nuestro caso, una pareja que estuvo discutiendo acaloradamente gran parte de la noche. Pero bueno, al final todo termina quedando en anécdota. También es cierto que antes de este aparcamiento hay otro que posiblemente sea bastante más tranquilo.

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Un puente hace de lazo de unión.

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La taberna y la playa en bajamar.

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La otra mitad de la playa.